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Bring Back the 2016 era: Cuando el presente se vuelve hostil, la nostalgia es refugio

  • Foto del escritor: Ivania Vejar T.
    Ivania Vejar T.
  • 14 ene
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 16 ene

Antes de Pinterest teníamos We Heart It, los lattes de Starbucks eran bebidas coloridas, leíamos en Wattpad y Vine junto a Musical.ly era nuestro TikTok. Todo parecía más simple, más saturado de color y el desorden era nuestro aesthetic.


Si últimamente has estado scrolleando en TikTok, es difícil no encontrarse con ese POV que se repite una y otra vez y que nos devuelve directo al 2016, cuando tenías 13 años y lo único que querías era convertirte en esa chica aesthetic de 20 que parecía vivir su mejor vida que se vestía con Converse, shorts y usaba un messy bun. En ese momento, crecer se sentía como una promesa luminosa.


Hoy, con veintitantos encima, la adultez es menos épica y bastante más confusa de lo que imaginábamos. Volver mentalmente a esa época donde todo giraba en torno a ver Vine se siente casi como una pausa necesaria.


A casi una década de distancia, el 2016 se ha canonizado como nuestro Imperio Romano, un año al que volvemos una y otra vez desde las redes sociales, como si ahí estuviera escondida una versión más liviana de nosotras mismas. Pero también fue un punto de quiebre. Ese mismo año marcó el auge de la ultraderecha con Donald Trump llegando a la presidencia de Estados Unidos, instalando un clima político más polarizado, más agresivo y mucho menos inocente que el internet que habitábamos hasta entonces.


Lo interesante de este revival no es solo la ropa ni el regreso de la era King Kylie como símbolo estético, sino el sentimiento que lo atraviesa. Los videos virales no muestran solo outfits o canciones, sino el contraste entre una adolescencia ingenua, marcada por aspiraciones digitales más simples, y una adultez que llegó con más ansiedad que glamour. Incluso las narrativas volvieron: reels con historias caóticas, poco coherentes, casi absurdas, que recuerdan a los fanfics de Wattpad. No siempre tienen sentido, pero igual te atrapan y te quedas hasta el final.


En 2016, nuestra banda sonora estaba marcada por The Chainsmokers, DJ Snake, Major Lazer y . Hoy, muchas de esas canciones reaparecen en TikTok y confirman que el pop de ese año tenía una energía particular. Himnos de Little Mix circulan nuevamente, Zara Larsson se mantiene vigente y el imaginario pop de esa época parece resistirse al olvido.


También volvió la estética. Los filtros ultra coloridos reemplazan a los low exposure y al minimalismo beige. Otra vez vemos pieles brillantes, luces exageradas y una nostalgia por un internet menos pulido, más emocional y menos calculado.


En ese entonces imaginábamos la adultez como una secuencia infinita de fiestas, libertad total y la fantasía de ser "That Girl". Ahora que estamos ahí, entendemos que la adultez venía con letra chica, ansiedad funcional y una lista interminable de responsabilidades.


Quizás idealizamos el 2016 porque fue el último año verdaderamente híbrido, lo suficientemente digital para ilusionarnos, pero todavía cercano. Instagram era cronológico y divertido, no una carrera constante contra el algoritmo. Los influencers eran youtubers grabando desde sus piezas, no figuras inalcanzables.


Traer de vuelta el 2016 no es solo ponerse Adidas Superstar o volver a usar filtros de Snapchat. Es un intento colectivo por recuperar esa sensación de que el futuro era brillante, prometedor y, sobre todo, nuestro.

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